• Virginia C.

Cómo armar un presupuesto de corrección


Imagínense esto: están terminando un trabajo que les llevó semanas. Se lo mandan a su cliente y este no responde. Pasa un día, dos, tres y nada. Los nervios les empiezan a jugar una mala pasada. “¿Y si desaparece? ¿Y si no paga? ¿Cómo no le cobré el 50 % al comienzo? Y… es que no me animé a decirle”. Quizás son nuevos en la profesión, quizás le preguntaron a alguien y les dijo que se manejaba de palabra… Supongamos que, a la larga, les pagan, pero no en los tiempos que habían pensado ustedes o les piden mil revisiones y agregan texto cada vez.


¿Estuvieron alguna vez en una situación así? Yo sí. De todo se aprende. Los acuerdos de palabra o telefónicos están muy bien, pero ¿qué hemos aprendido del amor? Las palabras se las lleva el viento.


¿Tenemos que mandarles a nuestros clientes un presupuesto por escrito? Sí. Me parece muy importante que un corrector —y cualquier trabajador autónomo— sepa armar un presupuesto de acuerdo con su profesión y sus necesidades. Es absolutamente imperativo dejar todo por escrito.


El valor más grande que tiene un corrector freelance —todas las personas, en realidad— es su tiempo. No queremos perderlo en malentendidos con los clientes. No queremos que el cliente espere de nosotros algo que no vamos a hacer y tampoco podemos pretender que sepa qué incluyen nuestros servicios. Por ese motivo, armar un presupuesto para cada cliente es crucial.

Una de las preguntas que más me llegan por las redes es cómo armar un presupuesto. Parece una pavada hasta que nos sentamos a escribirlo. ¿Qué pongo?


Ahora, ¿cómo empezamos a armarlo?


¿Qué necesitamos saber para armar un presupuesto?


Para empezar, hay cierta información que necesitamos para calcular el tiempo que nos llevará cierto trabajo de corrección. Si el cliente nos la proporciona en su primer contacto, genial. ¿Es lo que pasa la mayoría de las veces? No.


Muchos posibles clientes nos van a contactar diciendo que quieren un presupuesto para cierta cantidad de palabras. Creen que eso es todo lo que necesitamos para calcular una tarifa. No tenemos que caer en el apuro de responder sin saber bien de qué se trata.


Para ser justos con ellos y con nosotros, antes tenemos que preguntar lo siguiente:

  • ¿Qué tipo de texto es?

  • ¿Dónde será presentado? ¿A qué público está dirigido?

  • ¿Cuántos caracteres con espacios —así calculo yo, pero podría ser palabras o páginas— tiene el texto?

  • ¿De qué tema o área es?

  • ¿Para cuándo lo necesita corregido?

  • ¿Qué tipo de corrección necesita? ¿De estilo? ¿Ortotipográfica? ¿Ambas?

  • ¿Incluye bibliografía? ¿Tenemos que adaptarla a algún manual en particular?

  • ¿Hay una hoja de estilo a la que debemos atenernos?


Hay más preguntas, pero estas son las que tengo en cuenta cuando me llega un pedido de presupuesto. Además, siempre pido ver una o dos páginas del texto. Esto me sirve a mí para ver qué tipo de errores tiene y evaluar el tiempo que me podría llevar ese trabajo.


¿Qué debe incluir un presupuesto?


Una vez que tenemos toda esa información, podemos empezar a armar el presupuesto. Estos son los puntos principales que, a mi criterio, debe incluir:


  • Fecha del presupuesto (parece una pavada, pero tiene que estar).

  • Nuestros datos (correo electrónico, teléfono, etcétera).

  • Tarifa desglosada. Algunos prefieren poner esto al final. Yo creo que la mayoría de nosotros, cuando recibimos un presupuesto, saltamos directo al precio y luego leemos el resto. Por ese motivo, lo pongo siempre al principio. Lo incluyo desglosado (por caracteres y el total).

  • Servicios incluidos. Si hay más de una opción, este es el momento de escribirlo. Es importante describir bien qué servicios incluye este presupuesto, así las expectativas del cliente no son erróneas. ¿Qué incluye? ¿Cuánto texto puede agregar el cliente sin que le cobremos? ¿Cuánto le cobramos si agrega más texto?

  • Formas de prestar estos servicios. Una pasada de corrección, dos, tres…

  • Tiempos estipulados para cada fase del trabajo. Es importante resaltar que el tiempo está calculado a partir de recibir el pago y no sobre la fecha de contacto. Por ejemplo, si calculamos quince días desde la fecha de contacto y el cliente paga dos días antes de esa fecha, habremos trabajado sin saber si vamos a cobrar (salvo que empiecen el trabajo el día de pago y tengan dos días para hacerlo).

  • Formas de pago. Aquí se incluye información sobre porcentajes de pago (50 % al comienzo y 50 % al final, 70 % y 30 % o lo que les parezca), cuotas y descuentos (si hay).

  • Validez del presupuesto. Al menos en Argentina, esto hay que incluirlo. Si no, se nos aparece un cliente con un presupuesto de hace dos años y estamos en el horno.


¿Ustedes qué piensan? ¿Arman presupuestos? ¿Han tenido malas experiencias por no dejar todo en claro?











Virginia Cinquegrani

Buenos Aires, Argentina

v.cinquegrani@correcciones.com.ar

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